-¡¿Qué hacías saliendo de esa casa a esta hora?!
-Estaba con....
-¡No me importa, sube en este preciso momento al auto!
-Es una camioneta ma....
¡No me importa qué sea, sube ahora!
La señora Castillo tenía ciertas razones para estar enojada (O hasta cierta punto lo creía así su hija).
No importaba tanto que la fiesta se alargará un poco...
-3 horas no es mucho. -Pensaba en ese momento la señorita Micaela. (Mica, para la mayoría de personas que no fueran parte de su familia)-
Mica pensaba irse de la fiesta a las 11, llegar a su casa a las 12 y tener un pretexto decente para sus padres. Lo que realmente pasó tuvo un desenlace mucha más descarnado, supongo que Micaela no pensaba tomarse 3 cervezas; ni una lata de Jack Daniels, ni mucho menos ese shot de bienvenida que le ofrecieron tan maliciosamente. Tampoco planeó salir a las 3 de la mañana de la fiesta, y estamos seguros que encontrar a su mamá exactamente fuera del lugar no era parte de sus ideas.
Ese trayecto a casa fue uno de aquellos que son silenciosos porque no funcionarían de otra manera. Al salir de la camioneta Mica se dirigió a su habitación de inmediato mientras su madre la agobiaba con frenéticos y repetitivos regaños sobre lo mismo de siempre puesto de una manera distinta dependiendo la situación. Pero esta vez se sentía algo distinto, Micaela lo presentía mientras reposaba a gusto en su cama mirando el techo; su mente se vaciaba y simplemente tenía la sensación de intranquilidad, como si tuviera que hacer algo pero sin saber qué exactamente.
-¡Una vez más se ha encargado de burlarse de mí! cuándo aprenderá esa niña, si sigue así terminará cometiendo los mismos tropiezos que tuve yo a su edad, tan sólo de acordarme las cosas que hice mal en esos tiempos me llegan una sensación horrible. -Pensaba la madre de Mica mientras caminaba de un lado a otro por toda la casa-
La situación se ponía tensa conforme pasaba el tiempo, las manos de la señora comenzaban a sudar más y por alguna razón cientos de ideas absurdas le llegaban a la cabeza. Sólo podía pensar en cuando era más joven y había quedado embarazada, recordaba perfectamente ese dolor que sintió al ver como cada uno de sus pequeños y grandes sueños se desmoronaban al pasar de los años.
Ya era la tercera pastilla que tomaba de su frasco de Valium ese día, sentía que los nervios la dominaban y se le empezaba a hacer más cómoda su estadía después de una pastillita más. Ya estando por la quinta dosis la cosa se empezó a tornar extraña, la mujer cambió de mirada, de sentido, su juicio se había nublado para cualquiera que en estado de sobriedad la hubiera visto. Se sentía confiada y con todo el derecho de acabar esa parte de incomodidad que aún quedaba.
-¡¿Qué haces aquí?! ¿No te he dicho que odio que entres así a mi cuarto?
-No deberías hablarme así, vengo aquí a tener una conversación decente contigo sobre lo que ha pasado.
La señora se sentó lentamente mientras Micaela no le apartaba la vista de encima.
-Qué pasa contigo, no se me hace nada justo lo que estás haciendo
-Mamá qué ocurre
Mica pensaba irse de la fiesta a las 11, llegar a su casa a las 12 y tener un pretexto decente para sus padres. Lo que realmente pasó tuvo un desenlace mucha más descarnado, supongo que Micaela no pensaba tomarse 3 cervezas; ni una lata de Jack Daniels, ni mucho menos ese shot de bienvenida que le ofrecieron tan maliciosamente. Tampoco planeó salir a las 3 de la mañana de la fiesta, y estamos seguros que encontrar a su mamá exactamente fuera del lugar no era parte de sus ideas.
Ese trayecto a casa fue uno de aquellos que son silenciosos porque no funcionarían de otra manera. Al salir de la camioneta Mica se dirigió a su habitación de inmediato mientras su madre la agobiaba con frenéticos y repetitivos regaños sobre lo mismo de siempre puesto de una manera distinta dependiendo la situación. Pero esta vez se sentía algo distinto, Micaela lo presentía mientras reposaba a gusto en su cama mirando el techo; su mente se vaciaba y simplemente tenía la sensación de intranquilidad, como si tuviera que hacer algo pero sin saber qué exactamente.
-¡Una vez más se ha encargado de burlarse de mí! cuándo aprenderá esa niña, si sigue así terminará cometiendo los mismos tropiezos que tuve yo a su edad, tan sólo de acordarme las cosas que hice mal en esos tiempos me llegan una sensación horrible. -Pensaba la madre de Mica mientras caminaba de un lado a otro por toda la casa-
La situación se ponía tensa conforme pasaba el tiempo, las manos de la señora comenzaban a sudar más y por alguna razón cientos de ideas absurdas le llegaban a la cabeza. Sólo podía pensar en cuando era más joven y había quedado embarazada, recordaba perfectamente ese dolor que sintió al ver como cada uno de sus pequeños y grandes sueños se desmoronaban al pasar de los años.
Ya era la tercera pastilla que tomaba de su frasco de Valium ese día, sentía que los nervios la dominaban y se le empezaba a hacer más cómoda su estadía después de una pastillita más. Ya estando por la quinta dosis la cosa se empezó a tornar extraña, la mujer cambió de mirada, de sentido, su juicio se había nublado para cualquiera que en estado de sobriedad la hubiera visto. Se sentía confiada y con todo el derecho de acabar esa parte de incomodidad que aún quedaba.
-¡¿Qué haces aquí?! ¿No te he dicho que odio que entres así a mi cuarto?
-No deberías hablarme así, vengo aquí a tener una conversación decente contigo sobre lo que ha pasado.
La señora se sentó lentamente mientras Micaela no le apartaba la vista de encima.
-Qué pasa contigo, no se me hace nada justo lo que estás haciendo
-Mamá qué ocurre